Visita cultural en Chinotimba - Mireia Grau
Este verano hice realidad uno de mis mejores sueños: viajé al continente africano, concretamente a Botswana y a Zimbabwe. Fue una de las experiencias más intensas, reales y bonitas que he vivido en mi vida. No solo me quedo con la evidente atracción natural del territorio (fauna, flora), sino con la riqueza cultural de absolutamente todas las comunidades y etnias que conviven en el continente. La diversidad de lenguas y culturas es tan inmensa que cualquier ser humano queda perplejo delante de tal pluralidad. Este viaje me ayudó sobre todo a conectar conmigo misma y con mi alrededor, sentí una pureza en mi interior que nunca antes había experimentado. Fue como descubrir realmente lo que es vivir y aprender a valorar cada pequeño fruto que la naturaleza nos da. Además, me di cuenta realmente de lo racistas que somos la gente de Occidente, y de la necesidad urgente que hay de dar visibilidad a todas las voces de los pueblos indígenas que siempre han sido silenciadas. Porque creemos que ellos necesitan lo que nosotros tenemos, pero lo cierto es que tienen la capacidad suficiente para saber aprovechar sus propios recursos sin la necesidad de recurrir a nuestra ayuda interesada y paternalista.
La inmersión cultural que hice durante este viaje es indescriptible, pero me gustaría destacar la visita al poblado de Chinotimba, situado en Zimbabwe, concretamente en el área de Cataratas Victoria. Hablo de esta comunidad y no de otra porque fue el único sitio donde no me sentí una "guiri" blanca que saludaba a los pobres niños negros con una sonrisa de oreja a oreja, sino que realmente formé parte del entorno. Mi familia y yo nos dirigimos a Chinotimba porque nos habían hablado de un mercado local que se ubicaba allí, y decidimos visitarlo. Por supuesto, no esperábamos encontrarnos con tanta gente y tantas viviendas. Tuvimos la suerte que dos chicas nos ofrecieron voluntariamente una visita por su pueblo, y qué mejor opción que alguien de Chinotimba para explicarnos todas sus curiosidades.
En este barrio viven aproximadamente 60.000 personas, una cifra bastante sorprendente dadas las reducidas medidas del poblado. Conviven dos etnias, los nambya y los tonga, con sus respectivas lenguas y culturas. Nos explicaron que en un mismo territorio pueden hablarse más de veinte lenguas simultáneamente, hecho que rompe totalmente la idea occidental de que en África se habla el "africano", un idioma claramente inexistente. Las dos chicas nos acompañaron a hacer una visita por todo el poblado, enseñándonos todas las infraestructuras que este tenía (que no eran pocas, por cierto). En Chinotimba hay una escuela infantil (Chinotimba Primary School), un hospital, un supermercado, un bar, un pequeño restaurante y, obviamente, las casas donde residen sus habitantes. Como curiosidad, nos explicaron que no es sorprendente andar por las calles del poblado y encontrase con un elefante o cualquier otro animal salvaje.
La gente del poblado fue muy acogedora, aunque
En resumen, puedo decir que mi experiencia en Zimbabwe fue inolvidable. Aprendí que tenemos mucho que envidiar a estas comunidades, porque a lo mejor no saben encender un teléfono móvil, pero tienen millones de ideas nuevas que aportar al mundo y nosotros solo les cortamos las alas. Porque el término "país subdesarrollado" no puede definir de una manera más incorrecta todo lo que vi.
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